UN GUARDIAMARINA EXPRESA SUS PENSAMIENTOS TRAS CUATRO DÍAS DE NAVEGACIÓN DESDE QUE EL "ELCANO" LARGARA AMARRAS PARA INICIAR EL LXXXV CRUCERO DE INSTRUCCIÓN EN SU PRIMERA FASE POR AGUAS DEL MEDITERRÁNEO

Categoría: Noticias
Publicado el Lunes, 13 Enero 2014 15:59
Escrito por jeronimo
Visitas: 1019


 Ya han pasado cuatro días desde que el barco largaba amarras mientras nosotros nos despedíamos de nuestras familias en el  Arsenal de la Carraca. No es fácil despedirse de los seres queridos cuando sabes que no los volverás a ver hasta dentro de seis meses, pero la nostalgia y la inseguridad sobre lo que nos encontraremos a bordo se compensan con la ilusión que nos hace embarcarnos en esta aventura.

Cómo explicar la emoción que sentimos  ante esta oportunidad: navegar, aprender, viajar, conocer puertos de medio mundo…  y todo a bordo de un buque que a lo largo de sus  85 años de historia lleva grabadas en sus maderas las vivencias e historias de tantos Guardias Marinas que, como nosotros, lo han llevado a navegar por todos los rincones del planeta.

El 9 de Enero, a las nueve de la mañana, el Buque-Escuela "Juan Sebastián de Elcano" zarpaba rumbo a Cagliari desde su base en San Fernando. Comenzaba así su LXXXV viaje de instrucción. Y allí estábamos nosotros, dispuestos a vivir la experiencia de nuestras vidas.

Dejando atrás el Puente José León de Carranza que, como cada año, abre sus hojas basculantes para dejar paso a tan insigne navegante, y arrumbando al Sur a la salida de la Bahía de Cádiz, el barco se dispone a izar velas para navegar en demanda del Estrecho de Gibraltar.

No tenemos mucho tiempo para regocijarnos en este recuerdo. Nuevas actividades requieren nuestra atención.  Comienzan las guardias y las presentaciones de los oficiales sobre la organización a bordo. El horario del barco marca el ritmo. Entre medias, la maniobra del buque necesita de nuestra participación. Los comentarios entre compañeros se suceden. Todos estamos nerviosos y felices. Todos, por fin, estamos navegando en el "Elcano".
La noche llega, el día ha sido intenso y el descanso se hace más necesario que nunca.

A la mañana siguiente, el chifle del contramaestre nos despierta. Es viernes y la actividad no cesa en el buque. Seguimos con conferencias y ya se ven los primeros guardias marinas haciendo deporte. Otros abren un libro en la cámara. Algunos pasean por cubierta y hablan con la dotación. Y los más empiezan a preparar los primeros trabajos para la próxima semana.

El buque navega a palo seco por el Estrecho de Gibraltar con vientos frescos de Levante. Al "Elcano" le cuesta avanzar con el viento por la proa,  pero su voluntad, igual que la de los alumnos que lleva a bordo, es inquebrantable y, como no podía ser de otra manera,  sale airoso y arriba al Mediterráneo en espera de vientos de Poniente que le lleven a su destino.

El sábado día 11 nos da una pequeña tregua. Las presentaciones finalizan  pronto por la mañana y, tras la lectura de leyes penales e imposición de condecoraciones, se organiza la primera comida en cubierta. A media tarde la navegación nos depara su primera sorpresa: situados a 60 millas al Suroeste del Cabo de Gata avistamos una pequeña isla en la que se ve una bandera española izada. Es la Isla de Alborán, como explican por órdenes generales, refugio de corsarios tunecinos en la Edad Media y base de un destacamento naval de la Armada Española hoy en día. Allí enviamos nuestra Rhib para saludarlos. Me imagino la cara de alegría al abrir el jamón que les llevamos. Después de casi 20 días en la isla, un acontecimiento así seguro que les da el ánimo necesario para hacer más llevadera su misión.

La predicción se cumple y, aunque tímidamente, empieza a saltar viento de Poniente. A la voz de Maniobra General acudimos todos a nuestros puestos. Ya los conocemos bien, así que los cangrejos y los foques se izan esta vez veloces y continuos.  Todavía quedaría tiempo para simular un hombre al agua y arriar la Rhib para recogerlo.

Finalizaba así una jornada en la que se cerraba nuestra fase de adaptación académica. Ya sólo nos quedaba el domingo antes de empezar las clases y, sin embargo, estaba ansioso porque llegara para ver qué nuevas aventuras nos depararía el día.

Con el chocolate y churros recién hechos en la mano, leo en la orden diaria que en el día de hoy un equipo de Guardias Marinas se enfrentaría en una carrera de botes a un equipo de alumnos de la ESENGRA. No salía de mi asombro de pensar cómo se podría organizar una regata de botes a remo en medio del Mar Mediterráneo. Pero estábamos preparados. Tres años de formación en la Escuela Naval Militar nos habían curtido en el manejo de los botes. Y seguro que las aguas de la Ría de Pontevedra no son habrían sido menos bravas que las del Mediterráneo.

Por la mañana habíamos celebrado una misa en memoria del subteniente Don José Vázquez Vila, que formó parte de la dotación del "Elcano" durante muchos años y, al terminar, fuimos a cambiarnos al sollado y prepararnos para la regata. El esfuerzo fue duro y la competición reñida, pero al final conseguimos recorrer la eslora del barco antes que los alumnos de la ESENGRA.

Casi sin tiempo para las celebraciones, a la voz de Maniobra General el buque se preparó para dar todo su aparejo. Si desde lejos se ve majestuoso, desde la cubierta se respira la serenidad y grandeza que proporcionan las velas del mayor navegante del mundo.

Solo quedaba tiempo para entregar los trofeos de la regata y celebrar un pequeño concierto en el alcázar. Los primeros cuatro días a bordo del "Juan Sebastián del Elcano" superaban las expectativas y auguraban el que para nosotros sería el mejor crucero de su historia.