XCIII CRUCERO DE INSTRUCCIÓN.-VIDA A BORDO.-14 AL 15-01-2021

Categoría: Noticias
Publicado el Jueves, 21 Enero 2021 18:27
Escrito por jeronimo
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Hoy es viernes 15 de Enero, son las dos de la mañana y en el momento de escribir estas líneas navegamos con rumbo Oeste cuarta al Noroeste en demanda del puerto de Pearl Harbor, en la isla hawaiana de Honolulu. Los alisios nos acompañan desde que nos adentramos en el océano y ahora mismo sopla un Nornordeste fresquito por la aleta de estribor mientras la marejada sumerge de cuando en cuando los portillos de la Cámara de Guardiamarinas bajo las cálidas aguas del Pacífico.

 

Llevamos ya 15 días en la mar, desde que el día 1 de Enero diésemos la bienvenida al nuevo año largando amarras del soleado puerto mexicano de Manzanillo. Cuando aquel día veíamos desaparecer la costa americana en el horizonte teníamos aún muchas millas por la proa hasta nuestro destino. Para los Guardiamarinas adentrarnos en el Pacífico significaba volver a ver los días escaparse entre clases, guardias, conferencias y maniobras. Y, sin embargo, para nosotros esta navegación tiene, por así decirlo, algo de aventura.

Cuando nos levantamos cada mañana, o cada noche si así lo exige la guardia, y llegamos al puente, al pie de la jarcia, al cuarto de derrota o a la cámara de máquinas nos mueve un auténtico deseo de descubrir cosas nuevas, de vivir experiencias que pocos hayan podido vivir y poder volver a casa con algo que contar. Cuando nos adentramos en la inmensidad del océano entramos en un mundo para nosotros tan desconocido como lo fue para Magallanes hace cinco siglos, un mundo que solo conocíamos trazado en el papel de una carta náutica pero que ahora se abre por ambas bandas hasta el horizonte. Alejarse de tierra para cruzar un océano lejano impulsados por el viento, tantas millas y tanto tiempo, es para nosotros, en cierta forma, una forma de desafío y, sobre todo, una experiencia que rara vez podremos volver a vivir.

Pero no solo el mundo que queda fuera de la borda nos es desconocido. Cuando uno pisa por primera vez esta cubierta como Guardiamarina, la cantidad de cosas por aprender es abrumadora. Cada vela, cada palo, cada escala y cada cubierta son para nosotros territorio inexplorado, un mundo nuevo y fascinante en el que uno no puede dejar de sentirse como aquellos hombres que se lanzaron a descubrir el mundo, empujados por las velas de sus naves. Y por si todo ello no fuera suficiente, un barco en el mar es un organismo vivo, que sorprende a cada rato: los cabos faltan, el viento rola, las velas se izan y cargan, el mar se encalma, la derrota cambia… Los retos de cada día, aunque parezcan los mismos, son distintos a los del anterior: el rumbo que ayer era idóneo hoy ya no lo es, el velamen que nos impulsaba está ahora flameando y el mercante que se alejaba por el horizonte está ahora acercándose. El cambio es inherente al mar, y ello no es sino un aliciente para adentrarse más y más en él, sabiendo que siempre habrá algo nuevo detrás del horizonte.

Al adentrarse en esta inmensa masa azul, al reducir el mundo a unos pocos metros de madera y metal rodeados por millas y millas de agua, todas las historias narradas por los primeros exploradores que surcaron el océano parecen ahora muy reales, y en un barco como este difícilmente puede uno no ponerse en la piel de aquellos marinos que, al mando de hombres y barcos, acometieron aquellas aventuras que ahora nosotros conmemoramos.

GM1 Nieto Díaz-Robles